Tenia el cabello corto y los ojos soñadores.
Una chispa que encendía el fuego y no terminaba hasta arrasar con el bosque entero. Llamaradas cada vez mas grandes y violentas en un intento de saciar sus ansias. Una guerra sin tregua ni cuartel, donde el mejor de los escenarios seria que ambos perdieran ante el otro. Pero ninguno de los dos claudicaba, tenían tanto que demostrarse, tanto que darse que, simplemente ni podían rendirse hasta que el otro lo hiciera; pero ambos tercos y necios no pensaban capitular.
Cuando todo terminaba comenzaban las risas, las caricias traviesas en el cabello y las miradas cómplices. Ahí no había vacíos que llenar con promesas absurdas, tenían un acuerdo no verbal de que las cosas no debían salirse de control. Y lo respetaban.
Paso el tiempo y los encuentros se hicieron cada vez mas frecuentes, salidas inocentes que terminaban en un revoltijo de sabanas y ropa. Llamadas frecuentes, mensajes a diario. Aquello que había empezado como un inocente experimento se estaba convirtiendo en una avalancha de sentimientos y emociones que amenazaba con sepultarlos.
Se evitaron por semanas, buscaron refugio en otros brazos. Volvieron a su rutina.
Acordaron verse una ultima vez, solo para demostrarse que no eran tan importantes que podrían sobrellevarlo bien. Tenia que terminar.
...Ella sonrió emocionada, incluso cuando sabia que probablemente era la ultima vez que se verían, el se encogió de hombros y camino en silencio; con las manos metidas en los bolsillos. Esa sensación de perdida flotaba ya en el ambiente.
Estrecharon sus manos un par de veces y platicaron de cosas triviales, se entendían tanto que no necesitaban explicarse lo que iba a pasar, lo sabían, lo aceptaban.
Al final del día incluso él pudo sonreír.
No hubo un adiós, solo un tímido "gracias" y un corto beso. Probablemente el último en mucho, mucho tiempo. Justo cuando ella se disponía a bajar del auto, el no contuvo las ganas y le dio un abrazo. Ella se giro en sus brazos y le deposito un tierno beso en la comisura de los labios.
La vio alejarse, caminando a paso lento con su largo cabello agitado por el ritmo. Fue cuando detecto que algo faltaba en esa imagen...en sus manos estaba un listón -su listón- que por alguna razón caprichosa había terminado enganchado en su reloj. Un trozo amarillo de tela que, le recordaría siempre que aquello había sido real.
Su listón amarillo.
Aferrando ese trozo de tela, el joven de ojos soñadores se enfrento a la realidad.